Las tres mozicas
"Erasé una vez que se eran tres doncellas, que paseando paseando, llegaron casí sin darse cuenta ante las enormes puertas de una Fortaleza. Y fue allí donde pensaron en bordear el castillo para proseguir su camino, pero el Palacio era demasiado grande. Pensaron en llamar a la puerta para salir por una trasera y de esta forma atravesarlo, pero nadie les abrió. Así que las jóvenes damiselas, sabiendo que era una empresa ardua y complicada, decidieron asaltar la Fortaleza. Tal fue su empeño e ilusión que Sagunto cayó rendido a sus pies. Sí señor, y no sólo el Castillo, pues a golpe de lecturas (y nunca mejor dicho) se ganaron el Corazón del mismísimo Teatro, que aquella misma tarde les reveló, mientras el sol se ocultaba, que una de ellas se quedaría allí custodiando la cultura que acababan de conquistar, pero las otras dos proseguirían sus aventuras. Por lo que se despidieron, y sin perder la sonrisa, continuaron su camino. Y no habían avanzado ni siquiera dos jornadas, cuando se les sumó otra donzella, casi igual o más aventurera que la que permanece en Sagunto.
Y fue así, que tal día como hoy, se disponen a asaltar la mismísima Polonia. Dicen quienes las han visto, que andan difrazadas de peregrinas. Pero son facilmente reconocibles porque esta vez no van solas, llevan consigo a tres valerosos caballeros: a don Quijote con su esquelético Rocinante, a Sancho Panza con la dicha y su borrico, y al valeroso Cid Campeador con su inmortal Tizona.
Tiemble Polonia cuando las vea entrar al grito de "¡Asaltemos la Fortleza!" porque el Original Trio se vuelve a poner en acción.
Aunque, como toda historia de aventuras, las donzellas no se encuentran ausentes de peligro. Pues en Polonia reside un malvado mago que se hace llamar Amor y, con dulces palabras ha embrujado el corazón de una de las doncellas con el firme objetivo de mantenerla cautiva".


