La maldición de Ondina
Frecuentemente confundidas con las sirenas, las ondinas pertenecen a la mitología germánico-escandinava, y su equivalente griego son las náyades. Las ondinas son ninfas que habitan en los ríos y los lagos, mujeres-pez sin cola como las sirenas, pero con el cuerpo cubierto de escamas azuladas o verdosas, de tonos marinos. Sus manos y pies son palmeados para facilitar su desplazamiento bajo las aguas, pero también pueden caminar y respirar fuera del agua.

Su papel en la mitología es la de un tipo de criaturas traviesas sin una noción muy clara del bien y del mal. Sus “travesuras” pueden ir desde un inocente chapuzón en un río, a la creación de corrientes submarinas capaces de hacer zozobrar a una embarcación de pescadores.
Se dice que su alegre risa puede hechizar a quien la escucha, y que si una ondina se enamora de un ser humano, se convierte en su fiel protectora para siempre.
En la mitología germánica, Ondina era una ninfa del agua. Era muy hermosa y, como todas las ninfas, inmortal. La única amenaza para la felicidad eterna de las ninfas era enamorarse de un mortal y dar a luz al hijo fruto de la relación. Eso significaba la pérdida inmediata de la inmortalidad.
Ondina se enamoró de un audaz caballero (Sir Lawrence) y se casaron. Tras pronunciar los votos, Sir Lawrence dijo: "Que cada aliento que dé mientras estoy despierto sea mi compromiso de amor y fidelidad hacia ti". Un año después del matrimonio, Ondina dio a luz al hijo de Lawrence. Desde ese momento, ella comenzó a envejecer. Mientras el atractivo físico de Ondina se iba desvaneciendo, Lawrence perdía el interés en su mujer.
Una tarde, mientras Ondina estaba caminando cerca de los establos, escuchó el ronquido familiar de su marido. Cuando entró al establo vio entonces a Sir Lawrence recostado en los brazos de otra mujer. Ondina despertó a su marido rápidamente, le señaló con el dedo y pronunció su maldición: "Me juraste fidelidad por cada aliento que dieras mientras estuvieras despierto y acepté tu promesa. Así sea. Mientras te mantengas despierto, podrás respirar, pero si alguna vez llegas a dormirte, ¡Te quedarás sin aliento y morirás!
Sir Lawrence se vio condenado entonces a mantenerse despierto para siempre...
En la realidad, la Maldición de Ondina existe. Se emplea como un término médico referido a aquellas personas que no pueden dormir sin que ello suponga un riesgo de muerte (o incluso una muerte directa) debido a que dejan de respirar o respiran a un ritmo mucho más bajo del normal. Es consecuencia de la enfermedad llamada Hipoventilación alveolar primaria.
De normal, todos nosotros tenemos una pequeña cantidad de apneas o hipopneas. Durante un tiempo corto y alrededor de 5-10 veces por hora, dejamos de respirar o respiramos con menor intensidad.
Sin embargo, los que sufren la Maldición de Ondina este hecho se ve amplificado. No se conoce la causa exacta, pero sí el mecanismo. De normal, durante el sueño, la respiración voluntaria deja de funcionar, y entonces los mecanismos involuntarios de la respiración toman el control. Los que sufren la Maldición tienen los mecanismos involuntarios trastocados y ante una determinada señal (bajada de oxígeno en sangre) no se produce la respuesta (aumento de la respiración). El problema está en los receptores químicos que deberían recibir la señal (bajada de oxígeno o aumento de dióxido de carbono en sangre) que no llegan a estimular a su vez a los pulmones por alteraciones en los nervios por los que tiene que conducir la información.
Aunque no es una enfermedad muy conocida, se sabe que suele ser progresiva o congénita (desde el nacimiento) y también manifestarse con una gravedad muy variada.
En las formas más leves, el sujeto podrá seguir viviendo, pero debido a que el sueño no es reparador por la falta de oxígeno por las apneas, durante el día estará somnoliento, se fatigará fácilmente, tendrá dolores de cabeza, aumento del nivel de glóbulos rojos y un largo etc... El tratamiento para estas formas suele ser ventilación con presión positiva cuando el paciente se vaya a dormir.
En las formas más graves, en las que dormir significa una muerte segura suele aparecer desde el nacimiento, y la mayoría de neonatos mueren sin que muchas veces se llegue a saber la causa. Ésta es una de las posibles causas de muerte súbita en recién nacidos.
Sin embargo, en aquellas personas en que la enfermedad ha empeorado progresivamente y llegan a arriesgar la vida cada vez que duermen, suele tratarse con ventilación asistida durante la noche. Aún así, a pesar de todos esos tratamientos, cualquier descuido de quedarse dormido sin la oxigenoterapia indicada, significará la muerte.

"Ondina", poema posromantico del frances CH. BRUGNOT
"¡Óyeme! ¡Óyeme! Soy yo,soy Ondina, queacaricia con estas gotas de agua los
sonoros rombos de cristal de tu ventana, iluminada por los taciturnos rayos de la
luna; y aquí está, con su vestido de moaré, la señora del castillo, que contempla
desde su balcón la hermosa noche estrellada y el lindo lago dormido".
"Cada ola es un duende que nada en la corriente, cada corriente es un sendero que
serpentea camino de mi palacio, y mi palacio es una construcción fluida, al fondo del
lago, en el triángulo del fuego, de la tierra y del aire".
"¡Óyeme! ¡Óyeme! Mi padre mueve el agua que croa con una rama de aliso verde, y
mis hermanas acarician con sus brazos de espuma las frescas islas de hierba, de
nenúfares y de gladiolos, o se burlan del sauce caduco y barbudo que pesca con caña".
Una vez murmurado su canto, me suplicó que me pusiera su anillo en el dedo para
convertirme en el esposo de una ondina, y visitar con ella su palacio, para ser el rey de
los lagos. Y al responderle yo que amaba a una mortal, enfadada y llena de
despecho, derramó unas cuantas lágrimas, soltó una carcajada y se desvaneció en
forma de aguaceros que resbalaron, blancos, por mis vidrieras azules.

