S?bado, 16 de enero de 2010

Los perros de T?ndalos (II)

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Lo que sigue es un resumen de dos noticias que aparecieron en la Partridgeville Gazette del 3 de julio de 1928.

Un terremoto sacude el distrito financiero

A las dos en punto de esta madrugada, un temblor de tierra de inusitada intensidad ha roto varios cristales de ventanas en Central Square y ha averiado completamente el sistema eléctrico y los raíles del tranvía. La sacudida se ha sentido en los distritos periféricos, y el campanario de la Primera Iglesia Anabaptista de Angell Hill (construida por Christopher Wren en 1717) se ha derrumbado completamente. Los bomberos están tratando actualmente de apagar un incendio que amenaza destruir la fábrica de adhesivos de Partridgeville. Se ha prometido la más urgente y completa investigación para determinar la responsabilidad de tan desastroso suceso.

Escritor ocultista asesinado por un visitante desconocido

Crimen horrible en Central Square

El misterio rodea la muerte de Halpin Chalmers

A las 9 horas del día de hoy ha sido hallado el cuerpo de Halpin Chalmers, autor y periodista, en una habitación vacía sobre la joyería de Smithwick & Isaacs, en el número 25 de Central Square. Las indagaciones del forense han revelado que la habitación había sido alquilada amueblada por el señor Chalmers el 1 de mayo, y que éste había eliminado los muebles hacía un par de semanas. Chalmers era autor de varios libros sobre temas de ocultismo y miembro de la Sociedad de Bibliófilos. Anteriormente había residido en Brooklyn, Nueva York.

A las 7, el señor L. E. Hancock, que ocupa el apartamento opuesto a la habitación de Chalmers del edificio Smithwick & Isaacs, notó un olor extraño al abrir la puerta para entrar a su gato y recoger la edición matinal de la Partridgeville Gazette. Describe el olor como extremadamente acre y nauseabundo, y afirma que era tan fuerte en la proximidad de la habitación de Chalmers, que se vio obligado a taparse la nariz al pasar por delante.

Estaba a punto de volver a su propio apartamento, cuando se le ocurrió que Chalmers podía haber olvidado accidentalmente cerrar el gas de su pequeña cocina. Se sintió alarmado ante tal pensamiento, así que decidió averiguarlo; y al no obtener respuesta de Chalmers a sus repetidas llamadas a la puerta, lo notificó al conserje. Este abrió con una llave maestra, y los dos hombres irrumpieron rápidamente en la habitación de Chalmers. La estancia se hallaba totalmente desprovista de mobiliario, y Hancock afirma que tan pronto como vio el suelo se le heló el corazón; el conserje, sin decir palabra, se dirigió a la ventana abierta y desde allí inspeccionó el edificio de enfrente lo menos durante cinco minutos.

Chalmers yacía tendido de espaldas en el centro de la habitación. Estaba completamente desnudo, y tenía el pecho y los brazos cubiertos de un extraño pus o licor azulenco. La cabeza descansaba grotescamente sobre el pecho, cercenada del cuerpo, y tenía la cara contraída y horriblemente mutilada. No se veían rastros de sangre en ninguna parte.

La habitación presentaba un aspecto de lo más singular. Las intersecciones de las paredes, techo y suelo habían sido rellenadas con yeso de París, si bien algunos trozos se habían resquebrajado y desprendido, y alguien había reunido los cascotes en el suelo alrededor del hombre asesinado, de suerte que formaban un triángulo.

Junto al cadáver se han encontrado varias hojas de papel amarillento y chamuscado. Dichas hojas contenían fantásticos dibujos geométricos y símbolos y varias frases garabateadas apresuradamente. Estas frases resultan casi ilegibles, y tan absurdas que no han proporcionado ninguna clave sobre la identidad del que ha perpetrado el crimen: «Espero y vigilo -escribió Chalmers-. Estoy sentado junto a la ventana y vigilo las paredes y el techo. No creo que puedan cogerme, pero debo tener cuidado con los Doels. Tal vez ellos puedan contribuir a que irrumpan aquí. Los sátiros colaborarán, y pueden avanzar a través de los círculos escarlata. Los griegos sabían un medio de prevenir eso. Es una lástima que hayamos olvidado tantas cosas.»

En otra hoja de papel, la más chamuscada de los siete u ocho fragmentos encontrados por el sargento detective Douglas (del destacamento de Partridgeville), tenía garabateado lo siguiente:

«¡Gran Dios, el yeso se está cayendo! Una terrible sacudida ha desprendido el yeso y se está cayendo. ¡Tal vez haya sido un temblor de tierra! No podía haber prevenido esto. Se está haciendo oscuro en la habitación. Tengo que telefonear a Frank. Pero ¿llegará a tiempo? Lo intentaré. Recitaré la fórmula de Einstein. Recitaré... ¡Dios, están irrumpiendo! ¡Están entrando! De los rincones de la pared brota humo. Sus lenguas... ¡Aaahhh!...»

En opinión del sargento detective Douglas, Chalmers ha sido también envenenado por algún químico desconocido. Ha enviado muestras del extraño limo azul encontrado sobre el cuerpo de Chalmers a los Laboratorios Químicos de Partridgeville, y espera que el informe arroje alguna luz sobre uno de los más misteriosos crímenes de los recientes años. Es cierto que Chalmers tuvo un invitado la noche antes del terremoto, pues su vecino oyó claramente un murmullo bajo de conversación en la habitación de aquél, al cruzar por delante de la puerta cuando se dirigía a la escalera. Se sospecha seriamente de este desconocido visitante, y la policía se esfuerza activamente en descubrir su identidad.

 

 

 

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Informe de James Morton, químico y bacteriólogo

Estimado señor Douglas:

El fluido que usted me envió para su análisis es el más raro que he examinado jamás. Parece protoplasma viviente, pero carece de las sustancias conocidas como enzimas. Los enzimas catalizan las reacciones químicas que tienen lugar en las células vivas, y cuando la célula muere, la desintegran por hidrolización. Sin enzimas, el protoplasma poseería una vitalidad resistente, esto es, la inmortalidad. Los enzimas son componentes negativos, por así decir, del organismo unicelular, que es la base de toda vida. Los biólogos niegan categóricamente que la materia viviente pueda existir sin enzimas. Y sin embargo, la sustancia que usted me ha enviado está viva y carece de estos cuerpos «indispensables». Buen Dios, señor, ¿se da cuenta de las asombrosas perspectivas que esto abre?

 

 

Frank Belknap Long

 

 


Tags: perros, Tíndalos, Cthulhu, Frank, Belknap, Long

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